La vida se puede ver por un agujero. Hay días en los que vivir se presenta como un mural gigantesco, lleno de colores, decisiones, facturas, dramas y ese vecino que siempre taladra cuando tú intentas meditar. Y luego hay otros días —los buenos, los mágicos, los peligrosamente lúcidos— en los que la vida se deja ver por un agujero. Un agujerito. Pequeño. Insignificante. Como esos que aparecen en la pared después de intentar colgar un cuadro sin nivel y sin paciencia. Pero desde ahí, desde ese punto microscópico, todo parece ...
SIN RÍMEL NO SE PUEDE VIVIR. (Crónica de un dogma cosmético contemporáneo) Esta frase se la escuché a una chica joven decírsela a otra en una tienda a las cuales a las chicas y no tan chicas les gusta visitar habitualmente o a menudo porque la verdad es que siempre hay cola en la caja y realmente se me ha quedado pegada al cerebro como un chicle en la suela, sobre todo porque fue proclamada con una solemnidad casi religiosa: “Sin rímel no se puede vivir.” Y claro, yo me ...
Silogismos categóricos para gente que solo quería un café. (o cómo dos premisas se juntan, se miran, y deciden tener una conclusión) Hay mañanas en las que uno se levanta, se prepara el desayuno, arrancas el PC y piensas: “Hoy voy a escribir sobre algo sencillo, ligero, casi veraniego”. Y entonces aparece el silogismo categórico en forma estándar, ese ser mitológico de la lógica clásica que insiste en que a partir de dos premisas se infiere una conclusión… como si fuera lo más natural del mundo. No lo es. Pero ...
Cuando el Tour parecía Noruega y ahora parece Benidorm. Hubo un tiempo —sí, existió, aunque algunos escépticos del clima digan que no— en el que ver el Tour de Francia era como ver un documental de fiordos pero con ciclistas tiritando. La gente en las cunetas llevaba manga larga, chubasqueros, paraguas, y esa mirada de “yo solo venía a ver pasar a Hinault, no a sobrevivir a una borrasca”. Hoy, en cambio, el Tour parece una playa móvil: público en tirantes, chanclas, sombreros de paja y neveras portátiles. Si uno ...
El tiempo es una ilusión… y el salón es la prueba científica definitiva. Dicen los físicos que el tiempo es relativo, que se estira, que se encoge, que si te acercas a un agujero negro envejeces más lento… pero, sinceramente, ¿para qué queremos a Einstein cuando tenemos la antena de la cocina y el streaming del salón? Porque ahí, está la verdadera demostración práctica de que el tiempo es una broma cósmica. La escena: tú, el Mundial, y dos realidades temporales. Estás en la cocina, cortando jamón como si fueras ...
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