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“Está perfectamente explicado”: la frase favorita para eludir cualquier responsabilidad.

Hay frases que definen una época. En los 80 teníamos los sintetizadores, en los 90 los vaqueros imposibles, y hoy tenemos la gran obra maestra de la comunicación política: “Está perfectamente explicado”.

Una frase tan versátil que sirve para todo: desde justificar un presupuesto que parece escrito por un poeta surrealista, hasta aclarar por qué un proyecto que debía durar tres meses lleva ya siete años y un spin-off.

Cuando dicen “está todo explicado”, pero nadie sabe dónde.

La magia está en la vaguedad. “Está todo explicado”, dicen, con la misma seguridad con la que tú afirmas que algún día ordenarás el trastero.

¿Dónde está explicado? ¿En qué documento? ¿En qué universo paralelo?

Nadie lo sabe. Pero ellos lo dicen con tal convicción que por un momento dudas de ti mismo y piensas: “¿Y si realmente está explicado y yo soy el único que no ha recibido el PDF místico?”

El manual secreto del político moderno.

Hay quien dice que existe un manual no oficial que todos los políticos reciben al asumir su cargo. Un libro legendario, encuadernado en cuero sintético, titulado:

“Cómo esquivar responsabilidades sin despeinarse”

Capítulo 1: “Di que está explicado”. Capítulo 2: “Si insisten, di que está explicado en detalle”. Capítulo 3: “Si siguen insistiendo, cambia de tema y habla de innovación”.

La técnica del puzzle sin piezas.

La frase funciona porque crea una ilusión: Si está explicado, entonces debe haber un orden, un plan, una lógica.

Pero la realidad es que muchas veces es como recibir un puzzle de 2.000 piezas… sin piezas. Tú miras la caja, ves la foto, y dices: “Bueno, la intención está”. Ellos miran la caja y dicen: “Está perfectamente explicado”.

El ciudadano medio intentando entender la explicación inexistente.

Tú, pobre mortal, intentas encontrar la explicación. Buscas en la web oficial, en el BOE, en la rueda de prensa, en las notas, en las notas de las notas… Nada.

Pero ellos siguen ahí, firmes, repitiendo la frase como un mantra zen: “Está perfectamente explicado”.

Y tú ya no sabes si reír, llorar o pedir un curso intensivo de telepatía institucional.

Y aun así, la frase se repite como si fuera un hechizo que convierte la confusión en claridad. Un truco de magia sin mago. Un karaoke sin letra. Una explicación sin explicación.

Conclusión: el arte de explicar sin explicar.

Al final, esta frase se ha convertido en un género literario propio. Una especie de realismo mágico administrativo.

Y nosotros, espectadores de este teatro burocrático, seguimos aquí, intentando creer. Porque si no pensamos, ¿qué nos queda? ¿Aceptar que la explicación nunca existió?

“Déjame como dirían Los Secretos… que ya estoy agotado de explicaciones que nunca explican nada.”