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Silogismos categóricos para gente que solo quería un café.

(o cómo dos premisas se juntan, se miran, y deciden tener una conclusión)

Hay mañanas en las que uno se levanta, se prepara el desayuno, arrancas el PC y piensas: “Hoy voy a escribir sobre algo sencillo, ligero, casi veraniego”. Y entonces aparece el silogismo categórico en forma estándar, ese ser mitológico de la lógica clásica que insiste en que a partir de dos premisas se infiere una conclusión… como si fuera lo más natural del mundo.

No lo es. Pero vamos a fingir que sí.

El silogismo categórico: ese amigo que siempre habla en tríos.

Un silogismo categórico es como ese colega que nunca llega solo a las fiestas:

  • Premisa mayor
  • Premisa menor
  • Conclusión

Tres elementos, cero improvisación. Aristóteles estaría orgulloso, aunque probablemente también un poco cansado.

Imagina que el silogismo entra en tu salón, se sienta en tu sofá y te dice:“Todos los gatos son filósofos. Sócrates es un gato. Por tanto, Sócrates es filósofo.”

Y tú, con tu café aún caliente, piensas: “Bueno, pues nada, ya está, Sócrates ahora es un gato. A ver cómo se lo explico a la familia.”

¿Por qué es ‘de modo estándar’?

Porque la lógica, como las abuelas, tiene normas. Un silogismo en forma estándar debe ordenar sus premisas con la elegancia de un bailarín de la Movida madrileña:

Primero la premisa mayor (la que habla del término mayor, el de la conclusión).

Luego la premisa menor (la que menciona el término menor).

Finalmente, la conclusión, que llega como el estribillo de una canción de Mecano: inevitable, pegadiza y ligeramente sospechosa.

¿Y por qué es gracioso todo esto?

Porque el silogismo categórico vive convencido de que el mundo funciona con una lógica impecable. Y tú, yo, los políticos, el poder judicial y cualquiera que haya sobrevivido a una oficina pública sabemos que no.

El silogismo cree que si juntas dos premisas bien puestas, el universo te regala una conclusión perfecta. Como si la vida fuera así de fácil. Como si al mezclar “Todos los políticos son sinceros u honrados” con “Juan es político” saliera algo que no provocara carcajadas.

Conclusión (porque sin ella Aristóteles se enfada)

Los silogismos categóricos son como pequeños chistes estructurados: dos premisas entran en un bar, se miran, y deciden que lo más razonable es producir una conclusión. A veces brillante, a veces absurda, siempre ordenada.