
Si Camilo Sesto levantara la cabeza y viera la política española, repetiría: ya no puedo más… pero en mayúsculas.
Antes de empezar, ponte cómodo, sube el volumen y deja que Camilo Sesto te mire desde el más allá con esa intensidad de “te voy a cantar una verdad universal aunque no me la hayas pedido”. Porque España 2026 no se entiende sin banda sonora, y hoy la banda sonora es ese momento en el que Camilo canta “ya no puedo más” y tú dices: “Camilo, hermano, yo tampoco.”
Con esa energía entramos en el Informe oficial del Ministerio de Cosas que ya no sorprenden a nadie, porque si algo define a este país ahora mismo es que cada día es un remix de xenofobia, bulos y pactos que duran menos que un helado en agosto. Así que respira hondo, dale al play y prepárate para un viaje emocional que ni en Eurovisión.
España está tan políticamente revuelta que si mañana anuncian que el Congreso se ha convertido en un escape room temático de xenofobia, bulos y promesas que se derriten más rápido que un polo de limón en Sevilla, nadie pestañea.
Porque últimamente la política española funciona así: si no puedes gobernar, por lo menos deja el ambiente como para que venga Protección Civil.
Xenofobia nivel “se me ha ido la mano con el condimento”
Hay discursos que huelen a xenofobia desde tan lejos que Google Maps te pregunta si quieres activar el modo “alerta de prejuicio”. Es como si algunos partidos hubieran descubierto que el miedo es inflamable y hubieran dicho:
—¿Y si lo usamos de gasolina? —Venga, total, qué puede salir mal.
Y ahí están, echando leña al fuego como si España fuera una barbacoa de domingo y ellos tuvieran prisa por quemar el chorizo.
Los bulos: esa fauna autóctona que se reproduce por esporas
Los bulos ya no se lanzan: brotan. Salen del suelo como champiñones, pero en vez de ser comestibles, te dan dolor de cabeza.
Hay bulos que nacen, crecen, se reproducen y mueren en menos de 24 horas, como si fueran mosquitos políticos. Y mientras tanto, la ciudadanía intentando distinguir entre:
- la verdad,
- la mentira,
- la mentira que parece verdad,
- y la verdad que parece un sketch de La Hora Chanante.
El que pueda hacer, que haga.
“Esta frase ya es patrimonio cultural. No porque la use la gente, sino porque quien la dijo era, él mismo, el auténtico ‘tonto con marcha atrás’: incapaz de frenar, incapaz de avanzar, y siempre listo para liarla.”
—Yo ya no toco nada. —El que pueda hacer, que haga. —Y si explota, pues explota.
Porque entre pactos que duran lo que un caramelo en la puerta de un colegio, discursos que parecen escritos por un algoritmo borracho y ruedas de prensa que empiezan con “no es lo que parece”, uno ya no sabe si reír, llorar o pedir turno en la charcutería.
Y así está España: girando, temblando, improvisando, y sacando capítulos nuevos como si la política fuera una telenovela que no sabe cuándo parar. Entre bulos que brotan como setas, discursos que huelen a prejuicio desde Burgos y pactos que se derriten como mantequilla al sol, solo queda una frase que resume el espíritu nacional:
El que pueda hacer, que haga.
Porque ya no podemos más, Camilo. Ni tú, ni yo, ni la lavadora que vibra, ni la ciudadanía que mira todo esto con una mezcla de resignación y ganas de pedir un bocadillo en la charcutería.
España seguirá mañana con otro capítulo, otro giro, otro incendio. Pero por hoy, cierra el portátil, sube el volumen y deja que Camilo Sesto haga lo que mejor hacía: ponerle música al caos.
“Camilo Sesto no podía más, y viendo la política española… normal que no pudiera.”