En el Reino de la cosecha inestable, donde los discursos se mezclan con los puestos del mercado y las decisiones huelen a melocotón recién cortado, la presicienta y líder regional de la España central soltó un día una frase que quedó grabada en la historia agrícola del país: “Me gusta la fruta.”

Y claro, después de semejante declaración, era imposible no seguir hablando de fruta. Fruta por aquí, fruta por allá, fruta madura, fruta pasada, fruta que se cae del árbol sin avisar… Y entre tanta fruta,¿ cómo no acordarse del más famoso de todos: el presidente Maduro.

 La fruta madura que se esfumó.

El presidente Maduro, una pieza tropical que llevaba años colgado del árbol más alto. Algunos decían que estaba verde, otros que estaba pasado, otros que era imposible saberlo porque nadie se atrevía a tocarlo sin guantes.

Hasta que un día, hizo chas y apareció al lado de Alex y Cristina.  No claro que no  apareció cual magia negra, al lado del señor Dios de todos los dioses, creador de cielo y tierra y todo poderoso señor Trump. ( Forrest Gump para los más allegados )

Los rumores decían que había sido secuestrado por un grupo de ardillas sindicalistas. Otros aseguraban que simplemente se había caído del árbol y estaba rodando colina abajo, buscando un destino mejor. También había quien afirmaba haberlo visto en una frutería clandestina, disfrazado de papaya para pasar desapercibido.

La realidad es que nadie sabía dónde estaba. Y lo más inquietante: nadie parecía especialmente sorprendido.

 Mientras tanto, en el mercado central…

La líder regional y presicienta seguía repitiendo su ya célebre frase: “Me gusta la fruta”, mientras los ciudadanos intentaban descifrar si hablaba de política, de vitaminas o de una nueva tendencia gastronómica.

Cada vez que lo decía, los fruteros del reino temblaban. —¿Será una metáfora? —¿Será una amenaza? —¿Será que de verdad le gusta la fruta?

Nadie lo sabía. Pero cada declaración suya hacía que los melones se reorganizaran, las fresas se pusieran nerviosas y los plátanos se miraran entre ellos como diciendo: “Hoy nos toca”.

El misterio continúa.

Y así sigue el Reino central: con una líder que proclama su amor por la fruta, mientras un presidente Maduro que se ha volatilizado como un melocotón demasiado maduro, y un pueblo que ya no distingue entre política y ensalada de frutas.

El presidente Maduro " ¿ande, andará? " no fue secuestrado: pidió un camión y se largó. Loquillo ya lo sabía.