
Crónicas de un Gobierno a Golpe de Impulso.
O cómo un país puede vivir tres políticas distintas antes de la merienda.
Hay mañanas en las que uno se despierta, mira el móvil y piensa: “Bueno, a ver qué sorpresa trae hoy Donaldiño”. Y no falla. Por la mañana mientras estás desayunando, aparece un anuncio solemne: “Hoy vamos a hacer X”. Perfecto. Apuntado. Estabilidad, claridad, rumbo firme… por lo menos hasta el desayuno. Pero llega el mediodía, y de repente, ¡plot twist! Como si la política fuera una serie con guionistas hiperactivos, aparece una nueva declaración: “Bueno, lo de esta mañana… quizá mejor Y”. Y tú ahí, con el tenedor en el aire, preguntándote si has cambiado de universo sin darte cuenta. La tarde ya es otro deporte. A eso de las seis, cuando estás pensando en cerrar el ordenador, llega la notificación definitiva: “Tras una profunda reflexión de aproximadamente 17 minutos, hemos decidido que lo mejor es Z”. Y tú ya no sabes si reír, llorar o pedir un resumen semanal como los que hacen de las telenovelas. Lo fascinante es la energía. Esa capacidad de anunciar tres políticas distintas en un solo día es casi admirable. Hay quien hace yoga, hay quien corre maratones… y luego está quien gobierna como si cada hora fuera una nueva temporada. Mientras tanto, el resto de los mortales intentamos seguir el ritmo, como quien baila una coreografía que cambia cada vez que suena el estribillo. Pero oye, al menos no es aburrido. La política, convertida en un reality show de decisiones espontáneas, tiene su encanto caótico. Eso sí: si mañana te despiertas y descubres que lo de hoy ya no vale… no te sorprendas. Quizá simplemente ha llegado la actualización de la tarde.
“Y mientras el mundo espera racionalidad y sentido común, Donaldiño a golpe de impulso, canta por dentro: ‘¡Sufre, mamón!’” "¿Quieres seguir pensando? Lee también: "Guerra de ricos y la..."