jirafas

Los animales no permitirían esto: breve tratado sobre la extraña costumbre humana de elegir al más despistado, inútil, torpe, etc. como líder.

La diferencia más grande entre humanos y animales no es el lenguaje, ni la tecnología, ni la capacidad de inventar electrodomésticos que nadie pidió. No. La verdadera brecha evolutiva está en nuestra tendencia a coronar líderes incompetentes, algo que ningún animal permitiría jamás. Mientras en la naturaleza el mérito es cuestión de vida o muerte, nosotros elegimos al más tonto de la manada con una alegría casi festiva."

¿Por qué los animales no aceptan líderes incompetentes?
Si un león intenta liderar la manada, pero no sabe distinguir una cebra de una farola, lo apartan discretamente. Nada personal: “Gracias por participar, majete, pero aquí nos jugamos la vida”. Si un pingüino se despista y se cae al agua antes de tiempo, no lo ascienden a jefe de protocolo. Si un chimpancé empieza a dar órdenes sin saber trepar un árbol, lo ignoran hasta que se le pasa la tontería.

La naturaleza es sabia. Y práctica. Y, sobre todo, no tiene tiempo para tonterías.

En el reino humano, en cambio…
Aquí la cosa se complica. A veces elegimos líderes como quien elige un melón: a ojo, con esperanza, y rezando para que no salga pocho. Otras veces ascendemos a alguien porque “lleva mucho tiempo aquí”, como si la incompetencia acumulada fuese un mérito. Y luego están los casos más fascinantes: los líderes que nadie pidió, nadie entiende y nadie sabe muy bien cómo llegaron ahí. Como si hubieran aparecido por generación espontánea, igual que los gremlins cuando les cae agua.

¿Por qué los animales no caen en esto?
Porque tienen un sistema infalible: si no sabes guiar, no guías. No hay votaciones, no hay discursos, no hay “vamos a darle una oportunidad”. La supervivencia no admite experimentos.

¿Y nosotros?
Nosotros somos más creativos. Nos encanta complicarnos. Nos fascina la idea de que alguien sin idea de nada pueda dirigir algo importante. Es casi un deporte nacional: “A ver cuánto tarda en liarla”. Y cuando la lía, nos sorprendemos. Como si no lo hubiéramos visto venir desde Cuenca.

Conclusión científica (más o menos) o de andar por casa.
Los animales viven mejor porque no permiten que un tonto lidere la manada. Los humanos vivimos entretenidos porque sí lo permitimos. Ellos viven como Dios. Nosotros generamos contenido.

Y al final, quizá esa sea la verdadera diferencia evolutiva: los animales buscan seguridad; los humanos buscamos historias.

“Y mientras nosotros seguimos coronando al más torpe, los únicos que mantienen el sentido común intacto son los gatos de mi callejón, que no se dejan engañar por alguien que da un discurso bien peinado y que lo mejor que hace es mover los brazos perfectamente sincronizados al ritmo de una hamburguesa.”