
Dicen los sabios de la música, que hay artistas que evolucionan, otros que se reinventan… y luego está María del Olvido Gara Jova más conocida por Alaska, que directamente se teletransporta de una era a otra como si tuviera un abono mensual al multiverso musical.
Porque seamos sinceros:
¿Quién más puede pasar de cantar sobre marcianos, punk y brillantina a convertirse en la reina absoluta del electropop español, sin despeinarse ni una sola pestaña postiza?
Etapa 1: La alquimista del punk infantil.
Allá por los tiempos cuando en que España estábamos descubriendo que existía el color, apareció una jovencísima Alaska con un flequillo que podía cortar jamón y una actitud que decía:
“No sé qué estoy haciendo, pero lo voy a hacer más fuerte y mejor que nadie.”
Con los Pegamoides inventó un género nuevo:
el punk que te deja con ganas de bailar y de pedir un helado a la vez.
Etapa 2: La emperatriz del drama pop, después llegó Dinarama, donde Alaska descubrió que:
El drama vende.
El eyeliner es infinito.
Y que una canción puede convertirse en un himno generacional aunque la cantes con un tono de “me da igual todo, cariño”.
En esta fase nacieron frases que España entera ha gritado en bodas, karaokes y reuniones familiares donde no hacía falta gritar nada, pero se gritó igual.
Etapa 3: Fangoria, o cómo convertir la pista de baile en un templo. Electropop auténtico.
Fangoria llegó como un meteorito lleno de purpurina, sintetizadores y letras que mezclan filosofía existencial con ganas de salir de fiesta.
De repente, todos entendimos que:
Sufrir es glamuroso.
Bailar es terapéutico.
Y que si la vida te da limones, te puedes poner unas plataformas y hacer un videoclip.
Fangoria, no hace canciones: hace estados de ánimo con base electrónica.
Conclusión rápida: Alaska no tiene trayectoria, tiene leyenda.
Mientras otros artistas cambian de estilo, Alaska cambia de realidad paralela.
Es como si cada década dijera:
“Bueno, ya he conquistado este universo, ¿qué más queda por aquí?”
Y lo mejor es que siempre vuelve con algo nuevo, un look, un sonido, un eslogan, un videoclip que parece rodado en un planeta donde la purpurina es moneda oficial.
“Porque si la vida es una pista de baile, Alaska ya tiene reservado el centro… y el foco.”