dictadura

 

Hay pueblos que, cuando aparece una dictadura, reaccionan como quien ve una cucaracha en la cocina, primero un grito, luego un escobazo… y asunto resuelto.

Y luego están los otros. Los que ven la cucaracha, le ponen nombre, la adoptan y hasta le hacen un cumpleaños.

1. La comodidad: ese sillón que atrapa más que el miedo.

La primera razón por la que un pueblo no se rebela es muy científica: la pereza monumental.

Rebelarse implica:

  • Salir a la calle.
  • Gritar.
  • Organizarse.
  • Y, lo más duro, hablar con desconocidos.

Muchos prefieren quedarse en casa diciendo: “Bueno, mientras no me quiten el WiFi, que gobierne quien quiera.”

2. El entretenimiento: pan, circo y maratón de series.

Las dictaduras modernas han aprendido algo importante: si quieres que la gente no proteste, dales una temporada nueva de su serie favorita cada dos semanas.

Mientras el pueblo esté ocupado discutiendo teorías en foros, nadie se fija en que el dirigente lleva 27 años en el poder y ya se ha hecho construir una estatua con luces LED.

3. El dirigente carismático: mitad político, mitad mago.

Algunos líderes tienen un talento especial: te convencen de que todo va bien aunque estés comiendo arroz con aire desde hace meses.

Son como esos magos que te distraen con una mano mientras con la otra te roban el reloj. Pero aquí, en vez del reloj, te roban… bueno, todo lo demás.

4. El síndrome del “bueno, podría ser peor”

Este es un clásico. El pueblo piensa:

  • “No tenemos libertad, pero al menos no hay zombies.”
  • “No hay elecciones, pero oye, tampoco hay que hacer colas para votar.”
  • “No podemos criticar al gobierno, pero así evitamos discusiones incómodas.”

La dictadura no necesita propaganda cuando la gente se convence sola.

Hay pueblos que alcanzan un nivel de calma tan profundo que ni una revolución los saca de su paz interior.

Son capaces de ver cómo el dirigente cambia la constitución, el himno, la bandera y hasta el nombre del país… y ellos siguen diciendo: “Bueno, mientras no cambien la receta de la tortilla, todo bien.”

Cuando un pueblo es oveja, cualquiera es pastor.