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España 2025. Cuando la política se convierte en un episodio de, La que se avecina, donde los vecinos nunca se ponen de acuerdo y siempre hay un lío en la escalera, Porque si pensabas que la política española no podía ponerse más surrealista, diciembre de 2025 ha llegado para decirte: “Sujétame el cubata”, que voy a arreglar España en lo que dura una canción de Los Del Río. Entre comisiones de investigación, reconciliaciones imposibles y discursos que parecen escritos por guionistas de Netflix en huelga, el panorama político nacional se ha convertido en la tragicomedia de Calixto y Melibea que ni el mismo Berlanga se habría atrevido a rodar.

El Congreso como escenario de drama y comedia.

 

En el último episodio de esta serie llamada “España, La Transición Infinita, ”El Congreso se convierte en un reality show donde los partidos discuten por quién se queda con la silla más cómoda, donde los pactos se negocian como si fueran cromos de la liga: “te cambio un ministerio por dos abstenciones y un escaño brillante”.Y el público, desde casa, ya no sabe si está viendo política o un capítulo perdido de La que se avecina, o casi mejor aún el Congreso es como un bar de tapas, cada partido trae su receta, nadie se pone de acuerdo en la cuenta, y al final, el pueblo paga la ronda.

Emergencia democrática o marketing del caos.

 

Antonio Caño, en el foro “Perspectivas 2026”, lo resumió sin anestesia: “No estamos ante una crisis política, estamos ante una emergencia democrática”. Y uno no sabe si reír o llorar. Porque cuando todo es una emergencia, nada lo es. Y mientras tanto, los ciudadanos seguimos esperando que alguien nos explique si esto es una temporada final o es un episodio más de Stranger Things.

¿Y el pueblo? Bien, gracias a Dios.

 

En medio de todo esto, la ciudadanía asistimos atónitos a un espectáculo donde los protagonistas se pelean por el guion, pero nadie parece recordar que hay público. Un público que paga la entrada, el catering, y hasta el decorado. Y que empieza a sospechar que la función no tiene final feliz

Así que, mientras los partidos se lanzan dardos en prime time, nosotros seguimos con lo nuestro: intentando llegar a fin de mes, mientras el Congreso parece más un plató de Sálvame que una cámara legislativa, mucho ruido, pocas nueces,  y demasiada audiencia buscando memes.