Un, dos, tres… un pasito pa’tras”.
Hay años que empiezan con energía, ilusión y ganas de comerse el mundo. Y luego está este año, que ha decidido arrancar como si estuviera coreografiando la versión distópica de María de Ricky Martin: “Un, dos, tres… un pasito pa’tras”. Porque sí, parece que algunos mandatarios de pacotilla han decidido que avanzar está sobrevalorado.
Mientras algunos siguen tarareando aquello de “ella es una mujer especial”, otros miran las noticias y piensan que lo especial es la capacidad que tienen algunos de volver a los reinos dictatoriales y absolutistas del ordeno y mando. Donald Trump, se salta todo el derecho internacional cuál sheriff del oeste para ofrecer una recompensa por otro dictador como él, y al no obtener resultados manda a sus gladiadores a que lo detengan , que va a ser lo siguiente hacerse una mansión en Groenlandia para mantenerse siempre joven, utilizar el peñón de Gibraltar como prisión de máxima seguridad, o poner la bandera en Ceuta y Melilla para tener presencia en el continente Africano. Me parece alucinante que en pleno siglo XXI este pataleto harto de hamburguesas y patatas fritas siga empeñado en comportarse como si el mundo fuera su patio de recreo personal, soltando ocurrencias a diestro y siniestro como si fueran cupones descuento del McDonald’s.” Y por supuesto, con esto en el ambiente, cuesta mantener el espíritu de año nuevo.
Todo el mundo intentando empezar el año con buen pie, haciendo tus propósitos, apuntándote al gimnasio, prometiendo que esta vez sí vas a aprender a cocinar quinoa… y de repente el mundo geopolítico decide ponerse en modo remix.
Ricky Martin cantaba sobre una mujer que te atrapaba, te mareaba y te dejaba sin aliento. La actualidad, en cambio, te atrapa, te marea… y te deja buscando el botón de “pausa” como si fuera un mando perdido entre los cojines del sofá.
Y mientras tanto, la sensación general es que estamos retrocediendo como si alguien hubiera puesto la sociedad en modo “rebobinar VHS”. Derechos que pensábamos consolidados, tensiones internacionales que creíamos superadas, debates que parecían archivados en la carpeta de “cosas del pasado”
Al final todo vuelve, como los pantalones de campana pero sin la parte divertida.
Así que aquí estamos en el principio del 2026, bailando un merengue geopolítico que nadie pidió, intentando mantener el equilibrio mientras el mundo se mueve al ritmo de un DJ que claramente no ha dormido lo suficiente.