Días de verano.
Dicen las buenas lenguas que el verano es para relajarse, ir a la playa, y disfrutar del sol… ¿Pero qué pasa cuando ese sol te mira con rabia y odio, y además decide freírte como una croqueta gorda en sartén?
Hay una religión no oficial y desconocida en julio y agosto: el culto o la ofrenda al aire acondicionado. No importa tu fe, ni tu ideología, todos rezamos para que el aparato no se rompa. Le cantamos himnos, lo mimamos y lloramos a final de mes cuando nos llega el recibo de la luz. Pero lo seguimos encendiendo, porque es mejor pagar en lágrimas que sudar como si estuviéramos corriendo una maratón en el desierto de Sonora.
La ropa de verano debería venir con sugerencias. “Esta camiseta dejará huellas en espalda y axilas como si hubieras luchado contra un pulpo en una sauna finlandesa , y los abrazos, totalmente prohibidos, si me abrazas cuando hace 42 grados, estamos en una relación seria, donde ya no hay vuelta atrás, hemos compartido sudor y eso crea lazos más fuertes que los pactos de sangre.
Desde bañadores de cuerpo entero estampados con gatos astronautas, hasta chanclas con luces LED… el verano libera la creatividad textil más loca y extravagante. Todo vale, incluso camisetas horteras recortadas de antiguos manteles de mesa.
Teniendo en cuenta que puedes salir a caminar 10 minutos y volver asado al punto querido verano, te queremos, pero podrías bajar un poco el fuego, no hace falta que cocines nuestras ideas las 24 horas. Solo queríamos sol, no combustión espontánea.



