Hagamos lo que hagamos. Estamos contaminados.

contaminación

Capitalismo ambiental. El lobo disfrazado de verde.

 

El capitalismo ambiental es la versión maquillada del sistema que nos ha llevado al colapso ecológico. Es el intento de vendernos sostenibilidad como si fuera otro producto más en los escaparates de las tiendas, pero detrás de cada etiqueta “eco”, cada campaña “verde” y cada promesa de “neutralidad de carbono”, hay una gran maquinaria que sigue girando con los mismos engranajes: extracción, fabricación, consumo y beneficio.

 Greenwashing. La mentira bien empaquetada y etiquetada.

 

Las grandes industrias y corporaciones han aprendido que lo “verde” vende. Así que lo explotan todo hasta el infinito y más allá. Nos inundan con productos “sostenibles” que cuestan el triple, mientras siguen contaminando en un ciclo infinito. Nos ofrecen compensaciones de carbono mientras destruyen ecosistemas ambientales y, nos hablan de economía circular mientras fabrican más de lo que el planeta puede soportar, esto no es ecologismo. Es marketing.

 El sistema no quiere que consumas menos. Quiere que consumas “verde”

 

El capitalismo ambiental no busca reducir el impacto ecológico. Busca redefinir el consumo para que parezca ético, seguir consumiendo cuanto más mejor, sin cambiar la lógica del sistema. ¿La solución? Comprar más, pero con conciencia. ¿El resultado? Más producción, más residuos, más desigualdad.

Aceptar que estamos contaminados no significa justificar la inacción. Significa reconocer que todos somos parte de un sistema defectuoso, cada gesto cuenta, incluso si no es perfecto.

 ¿Cambio real o simulacro?

 

El capitalismo ambiental y ecológico, nos distrae del verdadero cambio:. Reducir, redistribuir, reimaginar. No se trata de consumir diferente, sino de consumir menos. No se trata de salvar el planeta con compras conscientes, sino de cuestionar el modelo que nos llevó hasta aquí.

 

Porque si el sistema sigue girando, aunque sea pintado de verde, el colapso sigue siendo inevitable.

 

 

 

Noches de agosto, en agosto.

agosto

Agosto, de Héroes del Silencio, la canción que te hace sudar existencialismo puro y duro.

Agosto. Ese mes en el que el sol te derrite la coroneta, las ideas, y hasta podemos hacer un huevo frito al sol, los ventiladores y aires acondicionados se convierten en tus mejores amigos, y Héroes del Silencio decide que es el momento pluscuamperfecto para recordarte que el calor no solo es físico… también puede ser existencial y emocional.

La canción Agosto no habla de playas, helados derretidos ni sombrillas que se las lleva el viento. No. Héroes del Silencio, fieles a su  peculiar estilo, te llevan por un viaje de meditación y reflexión con más metáforas que una clase de literatura en pleno delirio de verano. ¿Qué esperabais? ¿Un reguetón con ritmo de abanico de Locomía? ¡Esto es rock gótico español con alma poética y sudor existencial!

¿Qué dice la letra? ¿Y qué cree tu cerebro que dice?

Escuchar Agosto es como leer el horóscopo después de tres copas de vino manchego. Todo parece profundo, hondo y abismal, pero nadie sabe exactamente qué significa. Bunbury canta con esa voz de “me acabo de despertar en un desierto emocional” y lanza frases como si fueran acertijos de insignes esfinges góticas

¿Motivos para escucharla?

  • Porque te hace sentir que las noches de agosto tienen alma.
  • Porque es la única canción que convierte las noches calurosas en poesía.
  • Porque si no entiendes la letra, al menos puedes fingir que sí y quedar como Dios.

  Recomendación final

Pon Agosto a  “ TO TRAPO “ , siéntate frente al ventilador, y deja que Héroes del Silencio te lleven y acompañen por un viaje emocional y sensitivo que huele a sudor, nostalgia y poesía críptica. Y si alguien te pregunta de qué trata la canción, puedes responderle: “Es una metáfora del alma en combustión”. Nadie se  atreverá  a contradecirte.

Melón diesel.

camino

Quiero un camino… ¡Pero con GPS, si es posible!

¿Quién no ha tenido ese momento  en la vida  que escuchas “Quiero un camino” de Melón Diesel y piensas: “sí, pero que no tenga cuestas, tráfico, ni semáforos en rojo Porque este clásico del pop-rock español no es solo un canto más, es una aventura emocional con guitarra eléctrica incluida.

Un camino lleno de emoción (y posiblemente una rotonda eterna). La letra habla de buscar dirección en medio del desconcierto… algo bastante útil cuando el camino se parece a una carretera secundaria con niebla en un lugar de la Mancha. “Quiero un camino, quiero una dirección” suena a alguien que ha pedido un Uber y le ha tocado un conductor de pocas palabras. Y todos sabemos que Melón Diesel no canta, más bien te lanza indirectas con ritmo pop-rock.

Melón Diesel: ¿rockeros o gurús del cante emocional? Esta banda  no solo te hacen mover la cabeza con riffs chiclosos, también te obligan a replantearte toda tu vida amorosa entre estrofa y estrofa. Lo gracioso es que, aunque parezca que buscan sentido en el universo, lo hacen con el estilo relajado de alguien que está cantando desde la barra de un bar o taberna de Gibraltar ( porque son gibraltareños ) con una caña en la mano.

Conclusión: todos buscamos nuestro camino… con banda sonora incluida . Así que si estás perdido, confuso, o simplemente necesitas una buena canción para cantar a grito pelado en la ducha, “Quiero un camino” es tu himno. Solo recuerda: el GPS emocional no siempre tiene cobertura, pero con Melón Diesel de fondo, hasta el desvío suena a melodía.

 

Bodas o parafernalia cognitiva.

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Bodas del siglo XXI: Cuando el “Sí, quiero” se convierte en una superproducción cuál estudio de Hollywood.

 

¿Recordáis  aquellas bodas de antes, con tres mesas  de madera y sillas de plástico, la abuela emocionada y un DJ que alternaba entre pasodobles y coplas de Manolo Escobar?  Los años han pasado y ahora las bodas modernas parecen dirigidas por Spielberg, la coreografía es de  Beyoncé y patrocinadas por Coca Cola.

Podemos hacer un repaso de cómo hemos pasado de las bodas sencillas a los impresionantes espectáculos matrimoniales:

Los novios llegan volando (literalmente) Ya no es necesario caminar hasta el altar: ahora se llega en helicóptero, en unicornio holográfico o desde un globo aerostático con lluvia de pétalos del caribe. Si no hay varios drones grabando en 4K, nunca podrás rememorar el momento

Fotografía nivel National Geographic. Olvídate de posar junto al primo Pepe y la prima Josefina, ahora hay sesiones de preboda, postboda, durante la boda, fotos bajo el agua, con humo de colores, abrazando alpacas, dándole besos a una iguana  y en una playa secreta de Islandia  que nadie conoce.

El vestido de novia tiene su propio caché elevado a la máxima elegancia. Ya no es “el vestido”: es la saga del vestido. Hay uno para la ceremonia, otro para la cena, uno para el baile, y el último para las fotos en  Instagram.  A nadie se le ha ocurrido que a cada vestido se le haga un tráiler oficial.

La tarta es más alta que el edificio del ayuntamiento. Mínimo cinco pisos si no, no se triunfa. Fondant, chocolate belga Godiva, luces LED, flores comestibles, y un mensaje oculto que aparece si la miras con realidad aumentada.

Discursos estilo entrega de los Oscar.  Los amigos o colegas ya no hacen brindis, » porque han ido a emborracharse y la boda les da igual»: hacen monólogos recordando historias vividas junto a los contrayentes . El padre de la novia también entra al trapo del monólogo, se prepara durante meses como si fuera a dar el discurso de navidad del Rey.

Baile nupcial coreografiado por un ex concursante de “Operación Triunfo” Nada de vals. Ahora se hace  una mezcla entre salsa, reguetón y acrobacias aéreas. Se ensaya durante semanas para que todo salga a la perfección.

Conclusión. Las bodas actuales son increíbles e inolvidables y sobre todo espectaculares, con presupuestos dignos de una película de Marvel. Eso sí: a veces, entre tanto dron, tanto glitter y tanto protocolo… se nos olvida o nos preguntamos si alguien aún se acuerda de lo más importante, que dos personas se quieren y deciden compartir su vida.

 

Pero bueno, mientras haya bufé libre y baile hasta las 8:00 AM… ¡viva el amor!

 

Hora Feliz, Happy Hour. Tanto Monta, Monta Tanto.

hora feliz

Happy Hour  The Housemartins.  El himno oficial del sarcasmo británico.

 

Recordando y rebuscando en los  80, la música que hacían los hijos de la Gran Bretaña: pelos con laca, sintetizadores a todo volumen y canciones tan pegajosas que se pegan al alma como chicle a zapato nuevo. En ese paisaje musical apareció “Happy Hour” (1986), la copla que suena como una fiesta. El ritmo suena alegremente, los coros te invitan a sonreír, y todo parece como sacado de un anuncio de cerveza. Esta canción es básicamente un meme musical pre-internet. The Housemartins se mofan con estilo, como quien te regala un abrazo mientras te roba la cartera

La ironía británica está servida: es una canción sobre lo miserable que es fingir alegría en un entorno gris, pero con el ritmo de quien lleva un polo de colores pastel y baila como si la vida le fuera en ello. Y eso, francamente, es brillante.

La banda está vestida como ejecutivos en un restaurante de comida rápida, haciendo muecas y bailes incómodos,  como representando una sátira deliciosamente ridícula del capitalismo pop.

 

Conclusión: “Happy Hour” es como una hamburguesa vegana en una reunión de carnívoros.