subida pared

Efectivamente,  Antoñito Molina y Abel Pintos se suben por las paredes por amor, los españoles lo hacemos por la política, sin arnés, a pelo, y a pecho descubierto.

 

“Yo te espero a cada hora y si no vienes, desespero y me subo por las paredes…” canta Antoñito Molina con Abel Pintos, en una oda o alabanza al amor desesperado. Pero si cambiamos “amor” por “gobierno estable”, la canción se convierte en el nuevo himno nacional no oficial. Porque en España, esperar a que se pongan de acuerdo en el Congreso es como esperar a que vuelva la  peseta, una mezcla de nostalgia, fe ciega y un poco de masoquismo.

 

¿Quién no se ha subido por las paredes últimamente?

 

Cuando un político dice  “hemos escuchado al pueblo”… me subo por las paredes buscando el altavoz que usaron.

Cuando el Congreso parece más un plató de “Sálvame” en vez de una cámara  legislativa… me sigo subiendo por las paredes.

Cuando un político promete “soluciones inmediatas”… vuelvo a subirme por las paredes pero esta vez con cronómetro y palomitas, y de paso que llueva café en el campo.

Menos mal que mientras tanto, Antoñito y Abel nos lo cantan con alegría, como si el caos institucional fuera una historia de amor con final feliz.

 

 

 Diagnóstico: España sufre de, síndrome de subida «paredil» crónico.

 

Síntomas:

Gritar “¡otra vez elecciones!”. Como si fuera un déjà vu.

Desarrollar alergia a las ruedas de prensa.

Escuchar a Abel Pintos y pensar que “la marea al brillo de la luna llena” es una metáfora de los cambios de opinión de ciertos partidos.

 

Conclusión, al menos nos queda el arte.

 

Mientras esperamos que alguien en el Congreso sepa conjugar el verbo “consensuar”, nos resguardamos en canciones como esta. Porque si vamos a desesperar, que sea con una copla pegadiza, una guitarra flamenca y un argentino que nos recuerda que el drama, también se puede bailar.

La política es como un carnaval, todos  llevan máscara, todos pueden prometer y prometen,  y al final… ¡Todos desaparecen!