ricos

Poder y riqueza, tanto monta…

 

Dicen que vivimos en tiempos históricos, pero a veces parece más bien que estamos atrapados en una temporada extra de una serie que ya debería haber terminado. Y en medio de todo este caos político, hay una trama secundaria que se ha convertido en la verdadera protagonista: la guerra de los ricos que por cierto, rima con políticos .  Sí, esa guerra silenciosa, elegante, sin barro ni trincheras, donde las armas son fondos de inversión y las bajas son… bueno, nosotros, que seguimos pagando suscripciones, impuestos y cafés a 3,50€ como si nada. Este es un conflicto muy peculiar, a diferencia de las guerras tradicionales, aquí no hay uniformes ni himnos. Los combatientes llevan traje, zapatillas blancas “minimalistas” y relojes que cuestan lo mismo que un coche. Su campo de batalla son los mercados ( algunos legales , otros no tanto), las juntas de accionistas y, de vez en cuando, algún yate o isla paradisiaca donde se “negocia” con un mojito en la mano. Mientras tanto, el resto miramos desde la sombra de una caña de bambú en verano ,  intentando entender por qué el precio del pan sube más rápido que nuestra paciencia.

Lo más gracioso, o trágico, según el día, es que los ricos parecen ganar esta guerra sin mover un dedo, literalmente sus inversiones trabajan mientras ellos duermen, desayunan aguacate o hacen yoga en una terraza con vistas al mar. Es como jugar al Monopoly con ventaja, mientras algunos empiezan con todos los hoteles puestos,  el resto de jugadores tienen ya la casilla de salida hipotecada.

La política en medio del espectáculo.

 

La política actual intenta seguir el ritmo, pero a veces parece un grupo de música tocando en un crucero de lujo, mucho ruido, muchas luces, pero el capitán del barco sigue siendo el que tiene el yate más grande. Y mientras los discursos van y vienen, la guerra continúa. Una guerra sin explosiones, pero con gráficos de barras que dan más miedo que cualquier película de terror.

¿Y nosotros qué?

 

Nos queda el humor. Y la esperanza de que, algún día, la guerra de los ricos tenga un giro inesperado. Quizá un plot twist donde la clase media deja de ser un personaje secundario y pase a tener diálogo. Hasta entonces, seguiremos por aquí, pagando facturas, aguantando  y preguntándonos por qué, Don Dinero ha sido siempre un poderoso caballero.

 

“El poder sin dinero es teoría. El dinero sin poder es entretenimiento.”