cartel palabras

Entre zangandungos y camarlengos: un revuelto de palabras que parecen inventadas (pero no lo son).

Hay días en los que uno se levanta con ganas de hablar de nuestros queridos políticos, y otros en los que te levantas y te preguntas.  ¿Quién demonios decidió que “zangandungo” era una palabra válida y no un estornudo? Hoy es uno de esos días. Porque si realmente, existen palabras que parecen creadas por un escritor de fantasía con fiebre, pero que están recogidas en diccionarios, glosarios o en la memoria colectiva de algún pueblo donde la gente habla como si viviera en una novela de Galdós mezclada con un carnaval caribeño.

 

Zangandungo.

Suena a: un instrumento musical que solo se toca después de tres mojitos. Significa: persona torpe, bobalicona o de movimientos poco elegantes. Uso recomendado:

“No corras por el pasillo, que vas a parecer un zangandungo y te vas a estampar.”

Es una palabra perfecta para insultar sin herir. Es como llamar a alguien “patito mareado”. Ofensivo, pero con cariño.

 

Camarlengo.

Suena a: un hechicero de El Señor de los Anillos especializado en trámites administrativos. Significa: un cargo de la corte papal encargado de gestionar bienes y asuntos durante la sede vacante. Uso recomendado:

“Yo no digo que en la oficina haya caos, pero necesitamos un camarlengo que ponga orden.”

Es una palabra que te hace parecer culto aunque no sepas ni dónde está tu propio DNI.

 

Zahareño.

Suena a: un pájaro exótico que únicamente canta cuando llueve. Significa: algo o alguien salvaje, montaraz, difícil de domesticar. Uso recomendado:

“Mi pelo hoy está zahareño. No se negocia con él.”

Ideal para describir tanto a un caballo indómito como a tu flequillo un lunes.

 

Cucamonas.

Suena a: criaturas mágicas que viven debajo de la cama y comen calcetines. Significa: caricias, mimos o gestos de ternura exagerados. Uso recomendado:

“No me vengas con cucamonas, que sé que quieres algo.”

Perfecta para detectar chantaje emocional en estado puro.

 

Zascandil.

Suena a: un tipo que toca el tambor sin saber. Significa: persona inquieta, entrometida o que anda de un lado para otro sin hacer nada útil. Uso recomendado:

“Deja de hacer el zascandil y ponte a trabajar.”

Una joya del castellano que debería usarse más, especialmente en reuniones de trabajo.

 

Conclusión: el castellano es un parque de atracciones.

Entre zangandungos, camarlengos, zascandiles y cucamonas, queda claro que nuestro idioma es un buffet libre de palabras deliciosas. Algunas suenan a insulto elegante, otras a criatura fantástica, y otras a cargo medieval que te gustaría tener solo para presumir en redes sociales. Lo importante es disfrutarlas, utilizarlas y, si puedes, soltar alguna en una reunión de comunidades vecinales, para ver la cara de la gente. Eso sí que es un arte.

«Si te gustan estas curiosidades sobre nuestro idioma, quizás también te interese la entrada sobre Radio Futura y cómo nos explican la vida mejor que un gurú.»

 

“Si el castellano tiene palabras raras, la música española tiene canciones que directamente hablan en klingon”.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies