fin del mundo

Años atrás nuestros antepasados corrían descalzos por la selva, cazaban mamuts y se comunicaban con gruñidos y graznidos, ahora corremos para tener cobertura, cazamos ofertas en Amazon y nos quejamos cuando se cae internet. Y aunque parezca que solo hemos cambiado de hobbies, la verdad es que nuestras actividades modernas, vanguardistas y de última generación están moldeando nuestra biología de formas tan raras como alucinantes y fascinantes.

Creemos que nuestro cuerpo es un templo perfecto, pero resulta que es más bien una residencia VIP para contaminantes. Da igual si haces yoga o haces disciplina ZEN, comes lechuga, o te duchas con agua bendecida por el PAPA,  tienes un 100% de probabilidades de estar cargando con una colección inconmensurable de contaminantes que ni la mismísima Marie Kondo con su método KONMARI vamos a ser capaces de ordenar.

 

Según los científicos, ( que son los que más saben ),  estamos desarrollando un “segundo cuerpo” invisible, compuesto por microplásticos, PFAS, FCCs, BPAs y otros acrónimos que suenan más a contraseña robusta de Wi-Fi que a sustancias y elementos que deberían estar en tu sangre. Este cuerpo extraordinario no viene con superpoderes, pero sí con una suscripción vitalicia a la exposición ambiental totalmente contaminada.

Todos estos contaminantes están en todo el planeta, desde la cima del Everest a las fosas de las Marianas y hasta en Tristán de Acuña, los plásticos y químicos industriales han hecho más turismo que cualquier ser humano en toda la vida. Y como buenos viajeros, han decidido aposentarse en tus pulmones, tu piel, tu estómago, tu cerebro… incluso en lugares que no sabíamos ni que estaban en nuestro cuerpo.

Según un estudio  de la Universidad de California realizado en el 2021 se han encontrado 109 compuestos químicos en mujeres embarazadas, 55 de los cuales nunca habían sido detectados en humanos antes. Es como si la industria química estuviera jugando al bingo con nuestra genética  y ADN. Y lo mejor de todo es que,  42 de esos compuestos son “químicos misteriosos”. ¿Qué hacen en el cuerpo? Nadie lo sabe. Pero suena a  película de terror.

Podemos meditar, comer orgánico, vivir en una cueva, llorar, patalear … y aún así, tendremos  contaminantes en nuestro cuerpo. Porque el aire, el agua y los alimentos ya vienen con su propio combo tóxico. Es como si el planeta hubiera activado el modo “todo incluido”, pero en vez de mojitos, nos da partículas de microplásticos  y otros elementos sin catalogar.

Que podemos hacer,  llorar, reír, o escribir un blog como este. Al final creo que  lo importante es que empecemos a exigir más transparencia, regulación y responsabilidad. Porque aunque no podamos evitar respirar, sí podemos decidir qué tipo de mundo queremos respirar.  El cuerpo es un milagro biológico… y también una bolsa de residuos industriales. Pero no estamos solos, todos estamos en el mismo barco haciendo aguas, flotando en una sopa química global. Así que a respirar hondo (con mascarilla de triple filtro, si es posible), y a  seguir  adelante, mientras el barco siga a flote.