Bienvenidos a la era del alquiler perpetuo: suscribiéndonos hasta al aire que respiramos
Hace unos años, si queríamos ver una película, comprábamos un DVD (sí, esos discos redondos con más reflejos que una feria de barrio), si retrocedemos un poco más también estuvieron en activo para comprar o alquilar las cintas de video Si querías música, podías comprar un CD y si nos extendemos un poquito más en el tiempo, un vinilo, o una cinta de casete. ¿Y ahora? Ahora pagamos una suscripción para acceder a una biblioteca infinita de contenido… que no es nuestro.
Todo es alquiler. El coche, la casa, el software, la ropa, el perro (bueno, aún no, pero tiempo al tiempo). Pagamos por una suscripción al gimnasio que nunca vamos, a plataformas de streaming que solo usamos para ver una serie y olvidar cancelarlas hasta que nos cobran otro mes. Ahora pagas para tener acceso a miles de canciones y películas, pero si un día decides dejar de pagar, CATAPUMCHINPUN, desaparecen como por arte de magia.
Somos propietarios de… absolutamente nada. Nos hemos convertido en inquilinos de nuestra propia existencia. Antes, la emoción de comprar algo y decir “esto es mío” era un placer simple y satisfactorio. Hoy, pagamos por el derecho de usar cosas sin realmente poseerlas. Hemos cambiado el concepto de “tener” por el de “acceder”, y si un día el servicio deja de funcionar, pues, ahí estamos, mirándonos unos a otros como si hubiéramos regresado a la Edad de Piedra.
¿Qué sigue? ¿Suscripción para el oxígeno? No lo descarto. Con lo rápido que avanzan las suscripciones, en cualquier momento, un lumbrera iluminado detectara esa necesidad en la sociedad actual y nos venderá un modelo freemium del aire, donde el oxígeno menos contaminado costará un extra cada mes. Los anuncios llegarán a la vida real. Serán algo así “¡Respira premium por solo 9,99€ al mes y evita el aire contaminado!”.
Así que aquí estamos, porque hemos llegado al siglo XXI, pagando por tener acceso a cosas que nunca serán nuestras. Es la economía de la suscripción: ni dueños ni propietarios, solo usuarios con contratos temporales y pagos mensuales.
Bienvenidos a la era donde lo original es solo una ilusión prestada.
La revolución del préstamo eterno: nada es nuestro, todo es compartido.