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fin del mundo

 

Cuando el futuro se escribe en clave distópica (y aun así algunos imaginan luz tras el colapso)

 

El menú de apocalipsis disponible es hoy muy nutrido: amenaza nuclear, emergencia climática, tecnología desbocada, crisis democrática, auge del totalitarismo, y un largo etcétera. El imaginario dominante es distópico y resulta difícil dibujar un futuro apacible. Aunque hay gente que lo hace… al menos después del colapso de la civilización tal y como la conocemos.

Vivimos rodeados de finales posibles. No uno, sino un catálogo completo, casi gourmet, de apocalipsis contemporáneos: la amenaza nuclear que nunca se fue del todo, la emergencia climática que ya no es advertencia, sino presente e inminente, la tecnología que avanza más rápido que nuestra capacidad para gobernarla, la erosión de las democracias liberales, el auge de los autoritarismos… La lista es larga y, para muchos, agotadora. No sorprende que el imaginario dominante sea distópico, parece que el futuro se ha convertido en un territorio hostil, un paisaje donde la esperanza es un recurso escaso.

Lo interesante es que esta visión no surge de la nada. La cultura popular lleva décadas preparándonos para imaginar el desastre, desde novelas postapocalípticas hasta series donde la humanidad sobrevive entre ruinas. Pero hoy esa estética se ha filtrado en la conversación pública, en la política, en la economía, incluso en la vida cotidiana. El resultado es una especie de ansiedad de época actual, la sensación de que estamos viviendo en un prólogo interminable del colapso.

Sin embargo, hay un matiz que merece atención. Aunque la distopía domina, no todo el mundo se queda atrapado en ella. Existe un grupo creciente de pensadores, escritores y activistas que, paradójicamente, encuentran esperanza después del derrumbe. No porque deseen el colapso, sino porque imaginan que, una vez desmanteladas las estructuras que hoy parecen inamovibles, podría surgir algo más humano, más sostenible, más comunitario.

Este “postoptimismo” no es ingenuo. No promete un paraíso ni minimiza los riesgos. Más bien propone un cambio de foco. Si el futuro inmediato parece oscuro, quizá valga la pena pensar qué podría construirse con los restos. Es una invitación a imaginar no solo cómo evitar el desastre, sino cómo reinventarnos llegado el momento.

La pregunta de fondo es incómoda,  pero necesaria: ¿por qué nos cuesta tanto imaginar un futuro apacible sin pasar antes por el colapso? Tal vez porque la estabilidad se ha vuelto un lujo, o porque la complejidad del mundo actual nos supera. O quizá porque, en el fondo, sabemos que ciertos modelos están agotados y preferimos pensar en un renacimiento que en una reforma.

Sea como sea, el desafío está ahí, recuperar la capacidad de imaginar futuros habitables. No futuros perfectos, pero posibles. Futuros donde la tecnología no sea amenaza,  pero sí una herramienta, donde la política no sea un campo de batalla más bien un espacio de negociación, donde la crisis climática no sea un destino,  sino un punto de inflexión.

 

Mientras tanto, seguimos navegando entre distopías, advertencias y pequeños destellos de esperanza. Y quizá, solo quizá, ese ejercicio de imaginar lo que viene, incluso cuando lo que viene parece incierto, sea la forma más humana de resistir.

Pienso en aquella tarde…

atardecer

Pienso en aquella tarde de Pereza. Crónica de un himno para no hacer nada.

 

Hay canciones que te levantan el ánimo, otras que te rompen el corazón… y luego está “Pienso en aquella tarde de Pereza”, que pertenece a una categoría mucho más distinguible, la de los himnos oficiales del arte de no mover un dedo. Porque para ser sinceros, si la pereza tuviera un departamento de marketing, esta canción sería su jingle destacado.

 

Una tarde cualquiera… o probablemente ninguna.

 

La letra, que sin entrar en detalles para no destripar nada, evoca esa clase de tarde en la que el tiempo se derrite como un helado al sol y tú te vas derritiendo con él. No pasa nada, tampoco, quieres que pase nada, y si algo intenta pasar, lo miras de la misma manera con la que un gato mira un lunes. Es una oda a ese momento glorioso en el que te dices a ti mismo. “Podría hacer algo productivo… pero también podría no hacerlo.” Y la canción, muy » espacico «, y con mucha delicadeza, te recuerda que la segunda opción es perfectamente válida.

 

La banda sonora del sofá.

 

Lo mejor es que no solo describe la pereza, la induce.  La escuchas y de repente tu cuerpo entra en modo  de espera o pausa cíclica. Tu cerebro baja la persiana hasta abajo, y tu lista de tareas empieza a sonar como un idioma extranjero, del cual no entiendes nada. Es casi terapéutico. Casi espiritual. Casi… demasiado cómodo. Porque al final todos hemos tenido alguna vez  esa tarde, en la que miras el reloj y piensas: “¿Cómo es posible que hayan pasado tres horas si no he hecho absolutamente nada de nada,  multiplicado por nada?” Y la canción esta hay,  como diciendo: “Tranquilo, que  aquí celebramos ese talento.”

Para concluir dale al Play y deja que Pereza con su melodía haga su magia. Si buscas motivación, esta no es tu canción. Si buscas energía, tampoco. Pero si buscas validación emocional para tumbarte sin remordimientos, entonces sí que sí. “Pienso en aquella tarde de pereza” es tu nuevo himno nacional.

Juegos de guerra

fin del mundo

 

Política internacional. Edición limitada, Juegos de Guerra.

 

La política internacional actual se parece tanto a Juegos de Guerra que uno empieza a sospechar que alguien, en algún sótano gubernamental, ha vuelto a teclear “¿Quieres jugar a un juego?” ,  sin leer el manual primero. En la película, que  ya tiene unos pocos de lustros un joven hackea por accidente un superordenador militar. En Juegos de Guerra, el ordenador simula conflictos globales hasta darse cuenta de que nadie gana. En 2026, los países parecen estar jugando la misma partida… pero sin llegar nunca a la parte de “quizá deberíamos parar”. En Juegos de Guerra, la moraleja es clara: no dejes que una máquina decida el destino del planeta, bastantes años después el más loco del psiquiátrico campa a su libre albedrío con la única intención de imponer su pensamiento único.

A esta situación solo se llega votando a multimillonarios con cerebros disparatados,  que no conocen las necesidades de la ciudadanía, ya que asistimos a la enorme paradoja de que ciudadanos con trabajos y situaciones económicas precarias votan a formaciones políticas que quieren mantenerlos en esa situación y a desequilibrados mentales,  como el pato Donald. ¿Es masoquismo colectivo, estupidez, manipulación informativa? ¿Son «tontos» o «han sido engañados»?. Ciertamente, ambas respuestas tienen que ver con la realidad, que se impone tozudamente.  Cómo, es posible que estos descerebrados convenzan a ciudadanos para que voten en contra de sus propios intereses y a líderes que defienden las barbaridades que defienden?. Una buena parte de los ciudadanos están «convencidos» de épicos intereses, en realidad vacíos de contenido, como la defensa de la patria. ¿ Defenderla de quien si no hay enemigos?. ¿Porqué ese empeño en inventarlos?

Hay que bajarle los humos al Sr. Trompeta que se cree,  creador del cielo y la tierra para su uso exclusivo, porque  tendrá todas las armas del mundo pero como los ciudadanos de a pie, o de andar por casa del planeta empecemos a boicotear los productos  Yanquis, le vamos a bajar esa prepotencia a la velocidad de la luz . Estados Unidos sin mercados a los que colocar sus productos dura, «lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks». Esto es solo el trailer o el adelanto de la nueva película del aclamado director Paco Contraplano Cortefinal.  A cada cerdo le llega su San Martin.

 

Recapitulando que es gerundio, la guerra nuclear es un extraño juego,  en el que el único movimiento para ganar es no jugar.

… un pasito pa’tras”.

donald-trump

Un, dos, tres… un pasito pa’tras”.

 

Hay años que empiezan con energía, ilusión y ganas de comerse el mundo. Y luego está este año, que ha decidido arrancar como si estuviera coreografiando la versión distópica de María de Ricky Martin: “Un, dos, tres… un pasito pa’tras”. Porque sí, parece que algunos mandatarios de pacotilla han decidido que avanzar está sobrevalorado.

Mientras algunos siguen tarareando aquello de “ella es una mujer especial”, otros miran las noticias y piensan que lo especial es la capacidad que tienen algunos de volver  a los reinos dictatoriales y absolutistas del ordeno y mando.  Donald Trump, se salta todo el derecho internacional cuál sheriff del oeste para ofrecer una recompensa por otro dictador como él,  y al no obtener resultados manda a sus gladiadores a que lo detengan , que va a ser lo siguiente hacerse una mansión en Groenlandia para mantenerse siempre joven, utilizar el peñón de Gibraltar como prisión de máxima seguridad, o poner la bandera en Ceuta y Melilla para tener presencia en el continente Africano. Me parece alucinante que en pleno siglo XXI este pataleto harto de hamburguesas y patatas fritas  siga empeñado en comportarse como si el mundo fuera su patio de recreo personal, soltando ocurrencias a diestro y siniestro como si fueran cupones descuento del McDonald’s.”  Y por supuesto, con esto en el ambiente, cuesta mantener el espíritu de año nuevo.

Todo el mundo intentando empezar el año con buen pie, haciendo tus propósitos, apuntándote al gimnasio, prometiendo que esta vez sí vas a aprender a cocinar quinoa… y de repente el mundo geopolítico decide ponerse en modo remix.

Ricky Martin cantaba sobre una mujer que te atrapaba, te mareaba y te dejaba sin aliento. La actualidad, en cambio, te atrapa, te marea… y te deja buscando el botón de “pausa” como si fuera un mando perdido entre los cojines del sofá.

Y mientras tanto, la sensación general es que estamos retrocediendo como si alguien hubiera puesto la sociedad en modo “rebobinar VHS”.  Derechos que pensábamos consolidados,  tensiones internacionales que creíamos superadas,  debates que parecían archivados en la carpeta de “cosas del pasado”

Al final todo vuelve, como los pantalones de campana pero sin la parte divertida.

Así que aquí estamos en el principio del 2026,  bailando un merengue geopolítico que nadie pidió, intentando mantener el equilibrio mientras el mundo se mueve al ritmo de un DJ que claramente no ha dormido lo suficiente.

 

POSDATA .   La soberanía de los Estados es innegociable, inviolable y sagrada,  con independencia de su tamaño, su poder o su continente.

Año nuevo, y sin saber donde irán las gaviotas.

feliz 2026
Supervivencia al 1 de enero: Manual para no morir en el intento (o en el sofá)
 
¡Feliz 2026! Si estás leyendo esto, felicidades: has sobrevivido a la tía abuela preguntando «¿y el novio/a para cuándo?», al cuñado experto en criptomonedas y a esa última copa de cava que «prometía» no darte dolor de cabeza.
El 1 de enero es ese día mágico y extraño donde el tiempo se detiene y todos nos convertimos en una mezcla entre un filósofo griego y un perezoso con pijama de franela. Aquí te dejamos las fases oficiales de este día:
 
1. La fase de «Amnesia Selectiva» (10:00 AM – 12:00 PM)
Te despiertas con el sonido de los mensajes de WhatsApp de gente que ni sabías que tenía tu número. Miras el techo y piensas: «Este año sí. Este año voy a ser una persona nueva». Te visualizas corriendo un maratón, comiendo solo kale y aprendiendo arameo antiguo. La amnesia es tan fuerte que olvidas que anoche te comiste doce uvas en 4 segundos y casi mueres por asfixia.
 
2. El Desfile de los Propósitos Imposibles
Es el momento de escribir la lista.
 
  • Expectativa: «Ir al gimnasio 6 días a la semana».
  • Realidad: El 15 de enero estarás usando la cinta de correr para colgar las chaquetas que no caben en el armario.
  • Expectativa: «Ahorrar el 30% de mi sueldo».
  • Realidad: Hay rebajas mañana. Repito: MAÑANA.
 
3. El recalentado: El verdadero Rey de la casa
¿Cocinar el día 1? ¡Ni hablar! El primer día del año tiene un sabor oficial:  consomé o Cordero recalentado. No importa que lleve 12 horas fuera de la nevera; en el 1 de enero, el sistema digestivo adquiere superpoderes de acero inoxidable. Aquí tienes algunas ideas para aprovechar sobras si es que todavía queda algo digno en la bandeja.
 
4. La Crisis de la Tarde: ¿Qué día es hoy?
A las 17:00 ocurre el fenómeno. No sabes si es domingo, lunes o el año 2042. El pijama ya es parte de tu piel. Miras el calendario y te das cuenta de que el 2 de enero cae en día laborable. El pánico empieza a aflorar, pero lo ahogas con un trozo de turrón duro que quedaba por ahí.
 
 
Consejos para sobrevivir al resto del mes:
 
No te peses hasta febrero. La báscula miente y tiene envidia de tu felicidad navideña.
Si vas a apuntarte al gimnasio, usa el buscador de centros deportivos más cercano a tu casa. Si está a más de 500 metros, sabemos que no irás a partir de la tercera semana.
Recuerda: El año tiene 365 días. Si hoy no has empezado la dieta, siempre puedes decir que el año «real» empieza después de Reyes.
 
 

¡Ánimo a tod@s! Que vuestro 2026 sea tan brillante como el papel de aluminio que envuelve las sobras de la cena.