Nunca el tiempo es perdido.

tiempo perdido

Nunca el tiempo es perdido: incluso cuando estás hablando con una planta.

 

Dice la frase popular que el tiempo es oro. Pero si esto fuera así más de uno lo estaríamos apilando para venderlo en cualquier tienda de COMPRO ORO ( Además cada uno de estos locales paga mejor que la competencia)  Yo me apunto con Manolo García: nunca el tiempo es perdido aunque esa tarde la hayas pasado reorganizando tus calcetines o leyendo el libro  «la reproducción del escarabajo patatero en periodos de cautividad«.

Creemos que perder el tiempo es ver videos de gatitos, maratonear series que ya fueron vistas otras veces o discutir con Alexa sobre el significado de la vida. Pero eso no es perder el tiempo. ¡Eso es invertir en salud mental!

Porque al final cada momento de la vida sirve:  para aprender, para equivocarnos… incluso para reírnos de nosotros   mismos  mientras intentamos recordar para qué entramos a la cocina.

Si pasas las horas muertas hablando con una planta ningún estudio hasta la fecha ha confirmado que la planta te ha respondido, pero tampoco ningún estudio ha confirmado que tampoco no te ha respondido.

Así que la próxima vez que sientas que estás malgastando tus minutos, recuerda: quizá no estás perdiendo el tiempo, estás recargando la genialidad.

Además, en la vida también suele pasar que unas veces se gana, otras se pierde, pero siempre, siempre se aprende.

 

Por cierto me apunté hace unos años  a clases de meditación para aprender a perder la noción del tiempo… y ya descubrí también que nunca el tiempo es perdido… porque cuando abrí los ojos, tenía barba, otro gobierno y mi gato ya era abuelo.

Cuenta hasta diez.

corrupción

Como diría Félix Rodríguez de la Fuente hoy hablaremos de una especie mitológica que habita en pasillos con moqueta, adora los maletines,  ( sobre todo si dentro contienen miles y miles de Euros ) y cambian las cosas de sitio porque en política la palabra robar suena muy mal ( sin haberlo deseado ha salido un pareado).  Efectivamente hablamos del político cleptómano, o político roba talegas, esa criatura   que, en vez de servir al pueblo, parece ser, que se sirve a sí misma… con cucharón cuanto más grande mejor.

 

La ciencia aún no tiene claro cómo han sido capaz estas aves rapaces y de rapiña de  desarrollar esa capacidad de desaparecer fondos públicos sin que se les note lo más mínimo y ni siquiera sudan tras semejante esfuerzo titánico . Es posible que esta especie ya nazca con una varita mágica llamada “asesor de confianza”, o es un hábito aprendido en una escuela secreta entre los cursos de oratoria con asignaturas increibles “cómo rellenar sobres sin dejar rastro”.

 

Habrá que seguir el consejo de  Lagarto Amarillo en su canción  »  Cuenta hasta diez»  antes de meter la mano donde no corresponda para.

  1. NO traicionar la confianza del pueblo.
  2. NO cometer un delito con consecuencias legales.
  3. NO desviar recursos que podrían mejorar vidas.
  4. NO Alimentar la desigualdad y la pobreza.
  5. NO Dañar la reputación del país.
  6. NO Fomentar la corrupción sistémica.
  7. NO desacreditar la democracia y sus instituciones.
  8. NO Provocar descontento social y protestas.
  9. NO obstaculizar el progreso y desarrollo.
  10.  Y Porque estás ahí para servir a los ciudadanos, NO para servirte.

 

Así que si te dedicas a la política , y alguna vez sientes el impulso de meter la mano en la caja… mejor coge el diccionario, y busca en  la “ E” de ética, en la «D» de dignidad y en la «H» de honradez, y comprenderás lo que implica ser un político impecable.

Suscritos a todo.

suscripciones

Bienvenidos a la era del alquiler perpetuo: suscribiéndonos hasta al aire que respiramos

Hace unos años, si queríamos ver una película, comprábamos un DVD (sí, esos discos redondos con más reflejos que una feria de barrio), si retrocedemos un poco más también estuvieron en activo para comprar o alquilar las cintas de video Si querías música, podías comprar  un CD y si nos extendemos un poquito más en el tiempo, un vinilo, o una cinta de casete. ¿Y ahora? Ahora pagamos una suscripción para acceder a una biblioteca infinita de contenido… que no es nuestro.

Todo es alquiler. El coche, la casa, el software, la ropa, el perro (bueno, aún no, pero tiempo al tiempo). Pagamos por una suscripción al gimnasio que nunca vamos, a plataformas de streaming que solo usamos para ver una serie y olvidar cancelarlas hasta que nos cobran otro mes.  Ahora pagas para tener acceso a miles de canciones y películas, pero si un día decides dejar de pagar, CATAPUMCHINPUN, desaparecen como por arte de magia.

Somos propietarios de… absolutamente nada. Nos hemos convertido en inquilinos de nuestra propia existencia. Antes, la emoción de comprar algo y decir “esto es mío” era un placer simple y satisfactorio. Hoy, pagamos por el derecho de usar cosas sin realmente poseerlas. Hemos cambiado el concepto de “tener” por el de “acceder”, y si un día el servicio deja de funcionar, pues, ahí estamos, mirándonos unos a otros como si hubiéramos regresado a la Edad de Piedra.

¿Qué sigue? ¿Suscripción para el oxígeno? No lo descarto. Con lo rápido que avanzan las suscripciones, en cualquier momento, un lumbrera iluminado detectara esa necesidad en la sociedad actual y nos venderá un modelo freemium del aire, donde el oxígeno menos contaminado costará un extra cada mes. Los anuncios llegarán a la vida real. Serán algo así “¡Respira premium por solo 9,99€ al mes y evita el aire contaminado!”.

Así que aquí estamos, porque hemos llegado al  siglo XXI, pagando por tener acceso a cosas que nunca serán nuestras. Es la economía de la suscripción: ni dueños ni propietarios, solo usuarios con contratos temporales y pagos mensuales.

 

Bienvenidos a la era donde lo original es solo una ilusión prestada.

 

La revolución del préstamo eterno: nada es nuestro, todo es compartido.

 

El peón del rey de negras.

ajedrez

El peón del rey de negras: la canción que nos enseñó política sin querer.

Si hay algo que Mecano sabía hacer, además de escribir letras con más metáforas que la literatura barroca o la poesía, era componer y crear canciones con temáticas inesperadas. Entre su amplio repertorio podemos encontrar canciones sobre un calendario chino, una mujer que pintaba sueños y hasta una historia de amor en Hiroshima, y en esta diversidad  de coplas aparece esta joya: El peón del rey de negras.

Una canción que, puede ser una alabanza a la épica del ajedrez, nos cuenta la trágica historia de un peón que, como muchos en el mundo real, soñaron con grandeza, pero acabaron siendo sacrificio de apertura ( Me suena esto a  política). Porque si el ajedrez es un reflejo de la vida, entonces El peón del rey de negras es ese recordatorio de que, a veces, la estrategia de otros nos deja fuera de la partida antes de hacer un solo movimiento.

Nuestro peón quería llegar lejos o al final del tablero. Quería ser dama (lo que en términos ajedrecísticos tiene sentido), pero claro, el destino tenía otros planes. Porque si algo nos enseña esta canción es que no importa lo ambicioso que seas, si alguien decide que tu sacrificio es necesario para ganar la guerra. Mientras Nacho Cano componía esta obra maestra y Ana Torroja nos la cantaba con esa voz, suave, melancólica y con un timbre único, las piezas ya se movían en el tablero de la vida, y aquel peón, que soñaba con grandeza, intentaba avanzar sin saber que su destino ya estaba escrito en la estrategia de otra persona. ( Por segunda vez me sigue recordando esto a política)

Si algo nos dejó Mecano, además de un repertorio musical que sigue siendo de culto y devoción, es la capacidad de hacer que cualquier cosa suene poética y dolorosamente real. El peón del rey de negras nos recuerda que el mundo del ajedrez,  la vida y la política tienen mucho en común: nos movemos con reglas, soñamos con avanzar y a veces, sin previo aviso, nos sacrifican por una jugada mayor o mejor.

 

El mundo de la política tiene su propio ajedrez, y no todos los que juegan llegan al final de la partida.

Dedicado a los que en política quieren llegar a lo más alto, y nunca llegarán.